Napoleón Bonaparte arenga a sus tropas al pie de las pirámides de Egipto. Con voz poderosa les dice aquello de “ Soldados, cuarenta siglos de historia os contemplan”.

Del fondo de la impertérrita formación bajo el sol abrasador, se escucha la voz de un andaluz enrolado a la fuerza por fullero:

¡Ozú, guillo; arzate en los estribos, mi arma; a ver si te contemplamos a ti una miaja, monicaco!


Catalina de Médicis, la primera persona culta que leyó las profecías de Nostradamus, se interesa por una de ellas en especial.

-Maestro Michel, me ha fascinado vuestra profecía de eso que se llamará “Whatsop”…

Lástima que según Vos, sea también la residencia de un demonio negro con tres piernas, bufanda y sombrerito. Esa visión debe dar miedito, ¿No?