En su condición de Testigo de Jehová militante y combativo, el joven Emilio estaba orgulloso de sus firmes convicciones y su capacidad para presentar sus argumentaciones religiosas sólidamente.

Tenía especial predilección por su capacidad de rebatir el discurso vácuo de sus oponentes.

Sin embargo, se echó a temblar cuando sonó el timbre de su portal y, sin pensarlo, desaprensivamente abrió la entrada del bloque a un vendedor de Amway y a otro de Herbalife que comenzaban una nueva campaña de ventas en el barrio.

En su cerebro apareció un “cookie” que decía: ¡ERROR FATAL 666!.

Comprendió que aún no estaba preparado para soportar algunas pruebas del Señor, comenzando por esas dos temibles trompetas de Jericó que harían caer los muros de su paciencia.

Nervioso y ocultándose en un armario, se flageló como si fuera shiíta en Ashura.