El general Douglas MacArthur, marchándose de Filipinas bajo un intenso bombardeo japonés, camina chapoteando hacia el bote que lo llevará al submarino que aguarda por él.

Se detiene un instante y se vuelve para echar un postrer vistazo a la batalla que se libra tierra adentro. Los cámaras de noticiarios de cine presienten que ha llegado un momento para la historia y hacen zoom en el general, recreándose en su pipa y sus gafas Ray-Ban.

-¡Volveré! -afirma rotundo, justo cuando cae en la playa un obús del 105 que hace astillas el Jeep en que habían llegado- Bueno; volveré si no se ponen cabezones estos jodidos japoneses. Lo que es seguro es que les escribiré… Es más, en el submarino comienzo mi primera carta de aliento para el pueblo filipino. ¡Venga, vamos chicos, marica el último!