El Santo varón Job, tras pasar una hora de espera en la carpa-consulta del sangrador de la tribu de Levy. Luce una hinchazón notable en el carrillo izquierdo. Hoy, el santo está irreconocible.

-Niña; dile a tu jefe que el hecho de que mi paciencia sea proverbial, no le da ningún derecho a tenerme aquí tanto rato. Exijo que me diga si me va a sacar la muela esta hoy o no… Y por cierto, a ver cuándo van a cambiar los papiros estos de la sala de espera, que me los tengo requete-leídos.

 


 

Charles Augustus Lindbergh se divierte en su vuelo solitario sobre el Atlántico. Debe mantenerse alerta y nada mejor para lograrlo que recurrir a algún juego de la infancia.

-…Y vinieron a buscar sus camaradas… Doce mil treinta y dos elefantes, se balanceaban sobre una tela de araña, y al ver que se sostenían, vinieron a buscar a sus camaradas… Doce mil treinta y tres elefantes…