Manolo, en su condición de viejo rockero de heavy metal, se sintió traidor a los valores que daban sentido a su vida. Absurdamente, se había emocionado mucho con un cuarteto de cuerdas que interpretó la Barcarola en el funeral de su madre.

-Eso si que es música diabólica y no lo de Gorgoroth -pensó.

Un tanto aliviado con que todo había terminado en horas, esa noche se fue a un concierto de Extremoduro a pegar botes como cabra por farallones.

Seis días después, cuando le explicaron que la vieja lo había desheredado y que podía olvidarse de coleccionar Fenders, Manolito enloqueció para siempre. No podía acallar la terrible melodía de La Barcarola que sonaba en sus oídos una y otra vez, interpretada por un cuarteto de cuerdas y “featuring” de AC/DC.