En su condición de Policía Municipal de su pueblo en Aragón, Gonzalo decidió tener un gesto especial para con sus conciudadanos, llegado ya el día de su jubilación.

Aquellos vecinos que aparcaban cómo y dónde les apetecía, ignoraban sus advertencias y notificaciones, y que siempre recurrían a su comprensión y bondad para escurrir el bulto de su infracción, habían sido el verdadero centro de su vida.

Sabía que todos lo habían maldecido alguna vez, pero hacía tiempo que eso no lo tomaba en cuenta.

Ahora que otros compañeros lidiarían con el tema del aparcamiento, Gonzalo pensó en sus conciudadanos con ternura y se propuso tener un buen día de despedida, costara lo que costara.

Ese lunes, los multó a todos, vaciándole además los neumáticos a los reincidentes.

– ¡Os toca hoy ser comprensivos, tíos! -se le oía decir entre carcajadas y con su gracejo de maño comarcal-¡Dense todos por folladicos !

(Parida basada en hechos reales. Ver el diario El Correo, 15 de abril de 2015)