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Sem se encargó de comprar la madera de ciprés necesaria y de contratar a todos los carpinteros en doscientas leguas a la redonda. Les prometió pagarles los materiales y su trabajo al final del verano de ese año. Por ser el primogénito del hombre más serio y honesto del país, todos se avinieron a aceptar el pago diferido, confiados en la histórica solvencia moral de la casa. Aquel fue el primer caso conocido de uso fraudulento de información privilegiada de los anales de la historia de los negocios, con la gran ventaja de que los afectados nunca plantearían ningún tipo de querella judicial.

El Creador tampoco puso peros a la conducta de Sem, porque lo consideró una broma pesada a gentes que ya no contaban para el Orden del Universo. Amante de las formas geométricas puras, al Señor le pareció gracioso aquel negocio tan redondo que se sacó de la manga el astuto Sem. El chico había salido listo y punto.

Cam se preocupó del avituallamiento para la familia y los animales, cosa harto difícil por no vislumbrarse aún el tiempo de la cosecha. Gozando de buen crédito en la comarca, se avió con todos los excedentes de grano de sus vecinos y relacionados, a los que aseguró que el viaje que proyectaba su padre no era más que los comienzos de los desvaríos de un hombre anciano y avejentado. Presentó su interés por las vituallas como un gran regalo sorpresa para Noé por parte de unos hijos agradecidos. Pagó en efectivo lo que pudo y entregó sus tierras de labranza en alquiler como pago, sin pensárselo dos veces.

A el joven Jafet, aquel que temía tener que cazar como loco todo tipo de animales del campo, su padre le notificó que el Creador le facilitaría la labor, haciendo que las parejas de animales se presentaran por si solos a la botadura de la nave, y que por ello solo tendría que ocuparse del calafateado con brea del exterior y el interior de la nave.

Jafet nunca supo cuál de las dos labores era peor.
Noé se limitó a dar órdenes con gesto de iluminado a diestra y siniestra, logrando que el Arca estuviera lista para el día 10 del segundo mes: todo un récord para un astillero de ribera.

El día 10 del segundo mes de aquel año por la mañana, una increíble fila doble de animales de toda especie comenzó a desfilar por las rampas del arca y a ocupar sus celdillas sin un solo problema. Se les veía en los ojos que se movían al influjo de una orden divina.

Por la tarde, Noé y su familia entera entraron en la nave y con mucha parsimonia cerraron la única puerta de la nave.

Afuera estalló la burla de los vecinos que llevaban casi dos meses conteniendo el cachondeo, y como durante los siguientes siete días no se vislumbró ni una nube, tuvieron tiempo de inventar grandes chistes y montar una feria con chiringuitos y puestos de frituras a la vera de la nave, acabar con todo el vino del país y escarnecer a toda la familia del anciano patriarca. Al fin se libraban de aquel molesto vecino que les reprendía constantemente.

El jolgorio popular terminó con las primeras gotas del Diluvio Universal.

Llovió la tira por cuarenta días y sus noches.

Durante 150 días más, las aguas sumergieron la tierra.

En la mañana del día 17 del séptimo mes, el arca encalló en la cúspide del monte Ararat.

Cuarenta días después, Noé se atreve al fin a abrir la única ventana de la cubierta principal del arca y tras batallar denodadamente con la hembra del cuervo, logra finalmente atrapar al cuervo macho y soltarlo por el ventanuco. El bicho, que no encuentra donde posarse, vuelve en poco tiempo a la nave, como señal de que las aguas siguen revueltas ahí fuera.

Como resulta evidente que ya no llueve, el patriarca ordena otra larga espera de cuarenta días más.

Cuando Noé decide hacer otra prueba, elige a la paloma, ave más dócil y ligera que el cuervo. La paloma vuela todo lo lejos que puede y vuelve sin mojarse. Noé, que no es ningún bellaco y sabe cómo se las juega el Creador, ordena esperar otros siete días.

Finalmente, y ante la insistencia del resto de la familia que se halla a punto de amotinarse, el anciano suelta una vez más a la paloma hasta que ésta vuelve llevando un pequeño ramo de olivo en el pico, señal de que la tierra se seca.

Cauteloso, el patriarca espera otros siete días más y repite la operación.

Último capítulo