Hassan ibn Sabbah, el mítico Viejo de la Montaña le ha dado permiso a sus sicarios asesinos para que fumen hachís la noche antes de una batalla contra los mongoles. Busca su obediencia ciega y la entrega total en el combate.

Dos de sus fanáticos se sinceran fumándose unos porros en la muralla.

-¡Ji ji! Esto esta de putamadre, colega… ¡Ji ji!… Como para suicidarme yo en las batallitas del viejete este de los cataplines…¿no?… Si él quiere muertos, que se ventile a su familia… ¿no?


El emperador Claudio, cuando le cuentan el enésimo chisme de su esposa: Mesalina está que arde y se busca amigos de cualquier tipo en las noches de Roma.

– ¿Y que quieres que yo haga, Melenius? Yo no puedo competir con 162 legionarios ávidos de carne capitolina… Además; Messalina tiene el sueño de salir en el libro de los récords ese de Britania, que no hay quien se lo saque de la cabeza… o de más abajo, mejor dicho.


Washington cruzando el Delawere en un pequeño bote en medio de la nieve

– Después de esta nochecita para llegar hasta aquí, más le vale a Marta no venirme con el cuento de que le duele la cabeza…