Capítulo X

21 de junio de 1502

Cerca del puerto de Haina

Rodrigo de Sonseca rememora sus últimos dos años de constantes desplazamientos, con el dolor de haber dado con su hermano cuando éste ya había fallecido. Como recompensa a la búsqueda de años, le quedan las notas encontradas en el de escondite de Juan. En ellas se enterará de cosas que no hubiera imaginado en el mejor de sus sueños y otras que le demuestran que su hermano completó la primera parte de la misión de ambos.

Como señal de compromiso con su hermano, cumple como puede con los preceptos de su religión durante su enterramiento, dejando un pequeño homenaje en el lugar en que descansará para siempre. Ese detalle tan personal, fruto de un momento intenso de sentimientos encontrados, confundirá a diferentes hombres muchos años después, uniendo sin más a varios misterios inconexos.

Decidido a hacer su parte en solitario, Rodrigo gastará largos meses en verificar personalmente lo más importante de los hallazgos de Juan, dejando otras interrogantes y sospechas menos terrenales para otra ocasión.

En el tiempo invertido en sus verificaciones, crecen en él fuertes dudas sobre la fidelidad que debía a quienes les habían enviado a una misión con tal nivel de sacrificio personal.

Decidido a reclamar lo que considera justo, Rodrigo de Sonseca se embarcará hacia España en una gran flota de treinta naves.

Solo su nave llegará.

Capítulo XI