Un sobrino presuntuoso y despistado de Raymond Chow, el productor de “Operación Dragón”, visita el rodaje de la cinta. Se pasa todo el rato dándoselas de matón de Hong-Kong con muy malas pulgas.

A la hora del almuerzo, el joven agarra por un brazo y hace una exigencia al primer chino desharrapado que pasa a su lado. No sabe que se trata de la estrella del film: Bruce Lee, a quien no le gusta la actitud del muchacho. Sin mediar palabra, el actor se levanta la camisola, saca los nunchakus y le riega catorce leñazos en la cara al visitante. A continuación se sube de un ágil salto a una mesa  y pregunta al sorprendido casting de la  película:

-¿Alguien más quiere palitos pal’ pollo con almendras?