Napoleón Bonaparte, dándole una vuelta a la isla de Santa Elena al inicio de su destierro en el Atlántico Sur. Se encuentra en la fase de la negación de su derrota.
-¡Jope! ¡Que imperio tan chiquito me han dado los puñeteros ingleses! -se dirige a uno de sus ayudantes de alto rango en el exilio- Bertrand, si la isla inglesa esa de Jamaica está a menos de diez mil kilómetros, con poco apuro podemos invadirla y devolverles el golpe a estos presuntuosos perdedores… ¿Qué decís, chavales? Nosotros somos cinco: un Emperador y cuatro Mariscales de Francia. ¡La victoria de nuestro ejército debería estar chupada! ¡Por la gloria de Francia!


 

Cleopatra ha decidido suicidarse después de la derrota de Marco Antonio. Hasta el minuto final, sigue siendo una mujer antojadiza, coqueta, moderna y con un buen par de pirámides, a pesar de lo cual ha elegido un método de los antiguos faraones: bregar con serpientes para morir con su veneno.

-¿Me traes un áspid, Sacerdote? ¡Pero por el bozal de paseo de Anubis, que anticuado sois! Llévate ese bicho y tráeme una boa constrictora aunque no tengan veneno. Me lo  ha recomendado mi personal trainer: una boa aprieta de lo lindo  y moldea la figura ¡No quiero que nadie critique mi derrière en el inframundo!


 

Aníbal  Barca habla con su sacerdote estratega mientras cruzan los Alpes nevados con muchos elefantes para invadir la península itálica durante la segunda guerra Púnica.
-No le voy a hacer caso a tus sueños y visiones, Plujerjes. Anda, dime; ¿Con que maderas vamos a hacerles los snowboards que soñaste para los elefantes?  Y en el remoto caso de que saliera ese invento tuyo de la “blitzkrieg”,  ¿Como piensas frenarlos cuando lleguen a las puertas de Trento? ¿Eh?