¡Oh, Cielos!

Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskás y Johan Cruyff preparan un partidillo de fútbol para el sábado por la tarde entre el equipo del Deportivo Cielo y el Atlético Purgatorio. Cruyff hace una proposición ventajosa para el espectáculo.
-¿Y que les parece si ponemos de árbitra a Santa Teresa de Calcuta? Va un poco combada como si te fuera a gambetear o a hacerte un caño o a centrar al área, pero es un ángel muy justo y  estos rojiblancos del Purgatorio son duros de pelar. ¡La sacadera de tarjetas amarillas va a ser de órdago, tú!


 

Groucho Marx llega al negociado de San Pedro. Ya ha explicado que no es pariente del tal Karl Marx y que en vida se dedicó al humorismo. San Pedro asiente, mientras le quita el puro de la boca y le pasa una toallita húmeda para que se borre el bigote de betún.

-Sé bien quien eres, Groucho. Y ya te aviso que si repites aquí cosas como “Nunca sería miembro de un club en el que me aceptaran como socio” te voy a poner de patitas en el Hades – saca un fotuto como el de Harpo y lo suena con un mec-mec atronador para pasmo del visitante- Aquí “La parte contratante de la primera parte” eres tú, y como me enfades, vas a desear haberte quedado encerrado en el camarote de tus hermanos ¿Vale?

A Groucho se le ocurren cuatro impertinencias que se calla y se limita a quitarse la chistera a manera de saludo. El santo le franquea la entrada al Paraíso.

-A ver cuanto le dura el acojone al cafre este – piensa el santo portero conteniendo una carcajada en blanco y negro.