El invitado hablaba con entusiasmo de lo jugosas que le habían quedado las fabes a su anfitriona, después de haberse lanzado como un lobo sobre el chorizo y el compango. A la hora de hablar del caldo, alabó los “barquitos” que solo él se atrevió a hacer con el pan de boutique de la cena. Fue su debut y su despedida aunque algo ingenuo él, aún espera una segunda invitación de los que llama sus  Finos y Apreciados Amigos.