En su condición de imán radical, Habibi vivía en Siria y era difícil de localizar. Por eso, los americanos lo buscaron con un Drone durante año y medio, hasta que dieron con él cuando se disponía a desayunar en un piso franco en un barrio de Alepo.

Para aderezar su pan de pita mañanero, le dispararon un pepinazo de los más gordos que entró por una ventana y estalló sobre el café con leche del Imán.

El Imán Habibi ya no sermonea llamando a la guerra santa, porque sus restos están pegados a la chatarra de una nevera rota entre otros dos imanes: uno dice “Wonderful Damasco” y el otro “Ciao, venecia”