Capítulo XXVII

21 de abril de 1650

Amsterdam, Holanda

El intelectual Menasseh-ben Israel, notable escritor judío de origen portugués, recibe en su casa a un desconocido correligionario y paisano que ha viajado al nuevo continente. El visitante, que ha recabado pistas difusas de que los indígenas podrían ser descendientes de una de las tribus perdidas de Israel, refuerza de buenas a primeras la teoría que Menasseh había conocido años atrás gracias a  un simple calco que le había hecho llegar desde la Isla Tortuga un cirujano apellido Morín.

El escritor ve inmediatamente un puñado de ventajas en poner en circulación tal especulación y cree reconocer en ambas confidencias la labor realizada por los Imprescindibles durante casi doscientos años.


Menasseh incorpora los datos de su visitante Aharon Levi -aunque se hace llamar Antonio de Montezinos- a su más importante obra escrita: La Esperanza de Israel. En su obra no menciona por pura precaución, que Montezinos tiene también datos de un líder religioso taíno llamado Yaconex, gracias a documentos que el visitante asegura fueron robados en la Española en los tiempos de los ataques de Drake.

A pesar de comprometerse a darle más datos al regreso de un segundo viaje, aquel hombre nunca volverá.

Menasseh, por su parte, se dedica a labores diplomáticas en el Londres de Cromwell y para cuando la noticia de la muerte del extraño Montezinos llega desde Brasil, Menasseh está convencido que el nombre falso escogido por su amigo -sin dudas, un Imprescindible- es un homenaje a otro agente judío que vivió y murió como sacerdote dominico, famoso aún por sus sermones en  defensa de los indígenas de las Indias.

El lingüista y políglota que había en Menasseh  gastará muchas horas de estudio en hallar similitudes entre el nombre de Yaconex y los muchos nombres secretos del Jehová de los judíos.

Capítulo XXVIII