El Emperador Cayo Julio César Augusto Germánico, conocido en ciertos ambientes como Caligulín, entra en el Senado de Roma dos semanas después de nombrar a su caballo Incitatus como cónsul de Roma. Como es habitual, el cafre del emperador busca herir el orgullo de los Senadores de solo dos patas.

– Señorías: ¡Este foro huele a establo! ¡A ver si se bañan un poco o tendré que pedirle a mis pretorianos que les den jabón con estropajo en los ijares y os sequen las pililas a golpe de espuela y fusta, intelligitur?


Tras muchos años de trabajo ininterrumpido, Renatus Cartesius, alias Descartes, termina de poner por escrito su “Tratado de la Duda Metódica para Encontrar la Razón y la Verdad Absolutas en las Ciencias y facilitar la Toma de Decisiones Finales”. El sabio rebosa de actividad organizativa.

-Y mañana lo presento en la Academia de Ciencias… O no lo presento… Bueno, ya veremos si mañana no llueve, por ejemplo, no vaya a ser que se mojen los papeles… Aunque, pensándolo bien, quizás sea mejor presentarlo en la Academia de Matemáticas, porque en la de Artes como que no pega. Hombre, dudo inclusive que deba enseñarle a alguien este escrito con tantos borrones. ¿Por qué manchará tanto la tinta, joder? ¡No puede escribir uno sin mancharse! O quizás si… ¿O es que acaso no lo he puesto por escrito yo? ¿Lo escribí en el cuaderno rojo o en el azul? A ver, apliquemos nuestro método abreviado: De Tin Marín, de Do Pingüe, Cúcara Mácara, títere fue, yo no fui, fue Teté; pégale, pégale, que ella fue… ¡Rojo!