Los soldados griegos ocultos en el Caballo de Troya, llevan largas horas escondidos en silencio dentro del estrecho artefacto y  la mayoría de ellos ha terminado la digestión de su rancho especial de  habichuelas con tocino rancio, berenjenas pochas y yogurt de leche de burra. El capitán del comando decide comenzar el ataque cueste lo que cueste.

-¡Atacad, atacad por las barbas de Zeus! ¡Abrid la puta puerta y atacad!- aúlla de pronto el capitán Folegandros- ¡Dios Eolo, dame aire para escapar de aquí aunque me atraviesen mil lanzas ahí fuera! ¡Aire o muerte! ¡Atacad!


 

El compositor musical Maurice Ravel, cuando el primer violín de la orquesta se le queja de lo repetitivo de su Bolero en su primer ensayo. El autor se justifica apelando a la comprensión de sus compañeros.

-¡Si es que en mi pensión no hay quien se concentre, macho!  Que si llega un vendedor, que si un vecino, que si el gas, que si lotería, el cartero, el de la leche, el del pan… Cada vez que me sentaba comenzaba otra vez a escribir pero más acelerado, claro… Y es que tanta fuñenda te va carcomiendo los nervios, de ahí que vas haciendo un  In-crecendo a la melodía sin quererlo… Ahora, olvídense: Yo no lo retoco más esta vaina hasta que alguno de ustedes me lleve a vivir a su casa.