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Volvemos a la fachada de la Catedral de Ciudad Rodrigo, Salamanca.

Entre los expertos en iconografía católica se afirma que a San Juan Apóstol se le representa siempre con rasgos de hombre joven, barbilampiño, de larga melena y portando casi siempre una copa y/o acompañado de un águila de Patmos, ya que era el más joven del grupo y también el más místico de todos. A los demás, se les identifica por otros símbolos generalmente asociados a su martirio, y se les representa como hombres maduros, barbados y de cierta dureza de gesto. Las diferencias entre uno y otros son notables y San Juan siempre sale perdiendo.

Entonces: ¿Porqué han exagerado durante siglos los artistas los rasgos y actitudes femeninos en San Juan, si en otras obras de las mismas épocas no suele representarse a los jovenes con esos rasgos tan marcados? Los artistas antiguos (de los que se suele sospechar oscuras intenciones y grandes vicios) y  los obispos que les financiaron, controlaron y aceptaron las obras, sabrán por qué lo han hecho así.

Quizás no querían hacernos spoiler de una buena historia, presumimos.

Sea cual sea tu idea sobre el asunto, si te acuerdas de ésto al entrar en una catedral, busca y fotografía. Yo que tú, iría directo a los rincones en los que parece faltar una luz, en aparente  intento de dificultar la curiosidad del visitante. Te aseguro que resulta tan divertido o más que cazar Pokemons Go.

¡Ahhh…! Y mientras, Dan Brown sigue vendiendo “El Código Da Vinci” sin mencionar para nada “El Enigma Sagrado” de Lincoln, Baigent y Leigh, su “fuente” más evidente.