En su condición de pediatra experto de aseguradoras médicas, cuando su hija le dijo que quizás estudiaría odontología, le sugirió hábilmente que hiciera la especialidad de odontopediatría. Desde ese día, en coherencia con las prácticas médicas actuales, colocó en su consulta un gran bote de caramelos de miel para obsequiar a sus inquietos pacientitos.

Pero he aquí que la chavala estudió otra cosa, lo que resultó ser una desgracia para él que había adquirido el vicio de chupar las golosinas de miel que dispensaba gratuitamente en su consulta.

El Doctor lleva ahora prótesis superior e inferior sujeta a doce implantes que le costaron una pasta, la niña busca aún su primer trabajo y a él, la boca le suena a choque de plásticos cuando dice “Mississippi”, “salchichón”  o ” chorizo cantimpalo”.