Marcus Iunios Brutus Caepio -mejor conocido por Bruto a secas- le asesta una primera puñalada a su padre putativo Julio Cesar, que yace cocido a pinchazos en el suelo de mármol del Senado Romano.

El herido se sorprende de que también él participe en su asesinato. Brutus le aclara los conceptos.

-Lo mío no es por política, Papá; es por puro resentimiento. ¿Te acuerdas que cuando tenía 15 años me negaste la cuadriga para ir a la fiesta de Octavia Flavia? -le asesta una segunda puñalada- ¿Y te acuerdas de la caquita de semanal de 10 sextercios que me dabas los viernes siendo un ricachón con dos docenas de coronas de laurel? -le da otra- ¿Y qué me dices ahora de cuando mandaste a dos pretorianos sabiendo que me estaba cepillando a una esclava anciana de los Claudios? ¡Qué vergüenza me hicieron pasar esos imbéciles! -le da una más-. Y ahora digo yo: ¿Tú no decías que yo tenía que hacer algo notable para ser algo en la vida? -le da cuatro pinchazos más-. ¿Qué te parece esto, pues? ¿Crees ahora que pasaré a la historia, o no?