Hay unos minutos mágicos al final de cada conferencia, cátedra o rueda de prensa en los que los asistentes más interesados se unen a los más pelotas para acercarse y sacarle el jugo a los dictantes, yendo por libre. El momento es único y siempre aparecerá un oyente pidiendo una respuesta magistral “personalizada” que pueda luego estrujar en la cara a sus compañeros más tímidos, como un éxito académico o profesional propio.

Como también son minutos bizarros en los que alguien puede dejar caer una invitación al dictante para que se marque un Strauss-Kahn esa noche, algunos profesores pueden salir del evento disimuladamente hacia destinos ignotos, aunque la mayoría salen vivos de la sala disparando respuestas manidas a izquierda y derecha, mientras fingen haber perdido el pincho con el  Power-Point que acaban de presentar, para apurar el momento.

Hay dictantes que hacen preguntas y plantean problemas al auditorio para ubicarse por encima del público y machacarle, pero otras veces los hay que enseñan más allá de lo formal y regalan parte de su experiencia en unas pocas palabras sabias, para abrillantar su aureola.

Y así una y otra vez, bajo la premisa de que “Si usted no da un curso, se lo dan”, procuran dejar a los asistentes con la sensación de que tienen que ponerse las pilas ya, por el bien del negocio de las conferencias y los cursos. Total: un costoso aburrimiento con IVA.

Entonces, si en la última conferencia a la que fuiste no pudiste evitar dormirte y te perdiste el final, te traemos algunos episodios memorables en la categoría “Final de Conferencia”.

Lo sentimos: ¡Hora de espabilarse!