Leonardo Da Vinci convence a un ahijado atronado para que participe en una prueba preliminar de uno de sus inventos: el paracaídas. Para ello, han subido con enorme esfuerzo a una torre de Milán y el maestro le da las últimas indicaciones.

– No te preocupes si se presentan los alguaciles, que tengo ya ensayada la explicación de todo el asunto. Como tengo que ir desechando materiales que no me sirvan, hoy le toca al mármol de Carrara. Nadie echará de menos estos quince kilos de piedra que he birlado para hacer la campana principal. Cuando estés listo, te tiras.

El chico se lanza por la ventana sin pensárselo mucho, sujetando con las manos el artefacto y se estampa a los pies de la torre. Leonardo contiene una risa malvada y vocifera a los testigos su explicación.
– ¡Accidente! ¡Per la Madonnina, ma che borrico que eres Perluigi! ¡Asino!