Madame Curie responde a una alumna francesa muy pesada, su pregunta sobre el origen del nombre que le han dado a los rayos que han descubierto ella y su esposo, y que permiten observar los huesos y órganos internos sin tener que abrirle la panza al paciente.

La científica, que se ha esforzado en responder con cortesía, está ya hasta el moño de las reiteradas interrupciones de la alumna y decide acabar con el cachondeo. La polaca le entra como si fuera la caballería del Mariscal Pilsudski.

– ¡Les bautizamos como rayos equis, porque me salió del Xo-Xo a mi, bonita! ¡Y te advierto que desde este instante, veo a través de ti como si tuviera rayos X en los ojos, como si no estuvieses aquí, así que ca-lla-di-ta tía, que ¡así estarás más guapa!