Benjamin Franklin está volando una cometa en el patio de su casa en Filadelfia un día gris, cuando aparece a su lado su joven cuñada Evangeline con quien no se lleva nada bien. Por educación, nunca se insultan en público. La niñata saca a pasear el veneno que llevan todas las cuñadas en el corazón.

– ¡Jope, vaya mamarrachada! ¿No estás tu muy mayor para estas mojigangas? Con razón toda Filadelfia te llama mamplota pendejón y se ríen de tu calva y tus pelos largos, tu gordura y tus gafas de cegato! ¡Deberías dedicarte a cosas importantes y dejarme a mí esta diversión!.

Franklin, con enorme alegría, ve que los cúmulos sobre su cabeza se han convertido en cumulonimbos, anunciando tormenta eléctrica inminente. -Quizás tengas razón, querida Evangeline. Esto te pega más a ti- dice, entregándole el hilo sin avisarle que es de cobre y que ha metido una llave metálica en él.

Franklin entra en su casa y cierra con el pestillo la única puerta que da al patio, sube a su oficina y en una hoja de papel, comienza el diseño de un nuevo invento, sin dejar de mirar por la ventana. Un minuto después, todo se ilumina y se escucha un trueno demasiado cercano.

De entrada, Don Benji no sabe si llamar a su nuevo invento “The Philadelphia Experiment” o ponerle el poético nombre de “TSOP”, “The Sound of Philadelpia”. Tras pensárselo bien, elige “Pararrayos” a secas, que lo incrimina menos.

‡ NOTA CULTURETA: En honor a la astuta decisión del inventor, 200 años después la Marina americana tomaría el primer nombre para hacer desaparecer de golpe un barco destructor llamado Eldridge y en los años 70´s, los músicos de soul de la ciudad pondrían su bulla bajo la denominación de TSOP.  Pulverización y ruido, lo mismo que Evangeline con la cometa .