El Cardenal Raymond Leo Burke, declara en una entrevista que el Papa Francisco es un hereje y que debe renunciar a su puesto. Francisco pone el enfrentamiento en manos de la Divina Providencia y toma una inspirada decisión junto a su consultor más cercano.

Luego de los maitines, dos voces susurran en las habitaciones privadas, atravesando el humo del incienso y venciendo los pesados cortinajes:

– ¿Su Santidad, qué hacemos con el cardenal Burke?  Ese hombre es una mosca cojonera  y todo lo critica.  Eso es una vaina, su Santidad, porque el hombre sabe mucho Derecho Canónico y hay gente que lo oye, sabe usted ?.  Mire jefe, trasládelo para el atolón de Muroroa, que ahí no llega ni la radio y la parroquia es una enramada a pie de playa.  A ver si se lo comen los mosquitos y deja de joder. También podríamos avisarle a la barra brava del San Lorenzo de Almagro para que le “animen el partido”, ahora  que hay poco fútbol.

– ¡No, Cardenal, nooo!.  Que después dirán que no practico la caridad y la tolerancia. Mira, hazte un oficio ahora mismo y mándalo a la isla de Guam, que está igual de lejos pero donde la iglesita al menos está techada de zinc. Después de todo, esa isla es diez veces más grande que El Vaticano y se sentirá como en su Wisconsin natal… ¡Ah!, Y obséquiale un mosquitero con mi escudo bordado junto al telegrama de traslado y dile que se lo mando de mi parte. ¡Jejeje!  ¡Que tonto este pollo; venir a un argentino con cuentos de golpe de estado! ¡Ahora ya tiene su corralito! ¡Andá, pibe, alegráme la mañana; ponéme “Por una Cabeza” de Gardel a buen volumen!

(Colaboración especial del amigo JM, verdugo de complotados y otras gentes de mal vivir)