Canta Pablo Milanés:

Esto no puede ser no más que una canción/Quisiera fuera una declaración de amor

Romántica, sin reparar en formas tales/que ponga freno a lo que siento ahora/a raudales:

/Te amo/Te amo/ Eternamente, te amo…

Y ahí reside el gran problema: ¡ETERNAMENTE, dice el pavo!

No se le puede negar a esta canción la belleza de un romanticismo desbordado, ni al cantautor el acierto de aunar tal sentimiento a unos bellos y lentos acordes musicales.

Lo que sí se le puede reprochar a la canción es lo insidiosamente que su almibarada poesía logra subir el azúcar en sangre del descuidado oyente durante largos minutos. Si a eso unimos la intención del autor de prolongar su declaración de amor por siempre jamás, entonces la cosa se puede considerar como un atentado a la salud pública, más peligroso que un ataque con gas Sarín.

Escrita en 1970, la canción ha sobrevivido ya 47 años y Milanés cantándola, también. Es un claro ejemplo de lo que es capaz de conseguir la payola de las empresas disqueras, que hace que cuando Milanés se aparece en tu ciudad, oscuras fuerzas desconocidas -quizás los Illuminati- le pidan que bale la misma canción, en un bucle insidioso del que no escapan ni los rayos cósmicos. Siempre lo mismo, siempre “eternamente”, siempre el mismo muermo.

No deja de ser un expediente X sonoro que haya otras viejas canciones muy oídas con las que cantas y bailas, mientras que con la Yoli, se te fríe el cerebro sin una gota de aceite. Si los Rollings eran Satánicas Majestades y había que escuchar sus discos girándolos al revés, la Yolanda parece “La chica de la Curva”: en cualquier momento de tu camino, aparece y te da, como poco, un escalofrío depresivo.

Definitivamente, algo pasa con esa canción y habrá que mirar con ojos críticos las consecuencias de que siga sonando tanto tiempo. Tenemos varios ejemplos disponibles en este blog y te los haremos llegar poco a poco, a ritmo de balada lenta.