Una mujer exaltada, despeinada y con marcas en la cara de haberse arañado histéricamente en múltiples ocasiones, visita el Registro Civil de la 1ª Circunscripción de La Habana.

Se encara al primer funcionario que encuentra.

-Mira tú: ¿Aquí es que uno se puede cambiar el nombre? Yo me llamo Yolanda, pero como no me lo cambien ahora mismo por Gervasia, me ahorco esta noche y dejo una nota acusando a Pablo Milanés de instigación al suicidio. ¡Espabile, compañero, que este asunto es para hoy!  Solo oigo voces en el centro del cerebro diciéndome “Yolanda, Yolanda, eternamente Yolanda”. ¡Así no hay quien viva, carajo! ¿Por qué te crees que a las niñas ahora les ponen nombres como Yaneimis, Yuderki, Zeraida, Maelkis y así? ¡A ver si Milanés le echa ombligo al asunto y escribe una canción a una de esas!