¡Oh cielos!

Un hombrecillo enjuto y con rostro macilento de infeliz de toda la vida, se identifica en las puertas del cielo. Lleva las manos tapándose las orejas y habla con un hilillo de voz:

-Me llamo Yolando y tengo cuatro cuñadas.

San Pedro le aparta dulcemente las manos de la cabeza y le abre las puertas de par en par, cien querubines lo aplauden y doce ángeles suenan las doradas trompetas en su honor. El hombre esboza su primera sonrisa en muchos años.

-¡Ya era justo, coño! -murmura tímidamente-. ¡Un poco de respeto me basta!¡Aleluya!