Pancho Villa atacando con una carga de caballería la población de Colombus, Nuevo México, en plena hora del almuerzo. Le rechinga que los periódicos de la frontera le llamen bandido mejicano despectivamente y quiere dejar un par de cosas claras.

-¡Amárrense bien los Nachos, gringos pendejos, hijos de la gran Enchilada! ¡Aqui le vienen, no más, mis Burritos, pa’ que no me vuelvan a tocar los Guacamoles! ¡Todo mundo ponga la cola de elote en mole y a ver si nos tocan algunas rajitas de flor de calabaza, güey, que no todo puede ser lomo borracho a la olla! ¡Venga no más, al molote a dar cajeta hasta que te pidan que no-pales de darle al huachinango! ¡Y la cuenta, que se la den al putingo del güero que esté en la casa blanca!