Hassan ibn Sabbah, el mítico Viejo de la Montaña le ha dado permiso a sus sicarios asesinos para que fumen hachís la noche antes de una batalla contra los mongoles. Busca su obediencia ciega y la entrega total en el combate.

Dos de sus fanáticos se sinceran fumándose unos porros en la muralla.

-¡Ji ji! Esto esta de putamadre, colega… ¡Ji ji! Como para suicidarme yo en las batallitas del viejete este de los cataplines ¿no?. Si él quiere muertos, que se ventile a su familia… ¿no?

Ya lo hizo: recuerda que ejecutó a su hijo y a su esposa hace unos meses, picándoles en pedacitos.

-¡Joder, macho! Sí que le da mal la “pálida” al patrón, ¿no? ¡jijiji! ¡Pásalo coleguita, que no se detenga el material!