Antonin van Leeuwenhoek, inventor y fabricante de microscopios, llama con verdadera alarma a su mujer instantes después de observar por primera vez su propia esperma. Está pálido y se siente mareado.

-¡Maripuri, cariño: estoy podrido! ¡Te juro que la pescadera me aseguró que su pescado no tenía anisaki! ¡Menuda ´japuta está hecha la muy sinvergüenza! ¡Y yo le creí por salir de allí lo antes posible, porque había un besugo que no dejaba de mirarme con ojos turbios!