Los soldados griegos ocultos en el Caballo de Troya, llevan largas horas escondidos en silencio dentro del estrecho artefacto y  la mayoría de ellos ha terminado la digestión de su rancho especial de  habichuelas con tocino rancio, berenjenas pochas y yogurt de leche de burra. El capitán del comando decide comenzar el ataque cueste lo que cueste, al ver que la modorra se apodera de sus hombres.

-¡Atacad, atacad por las barbas de Zeus! ¡Abrid la puta puerta de una vez y atacad!- aúlla de pronto el capitán Folegandros- ¡Dios Eolo, dame aire para escapar de aquí aunque me atraviesen mil lanzas ahí fuera! ¡Aire o muerte! ¡Atacad! ¡Si nos quedamos aquí nos olerán!¡Romped las defensas de estos repipis a base de ventosidaes, mis cabrones!¡A por ellos!