El Emperador Cayo Julio César Augusto Germánico, conocido en ciertos ambientes como Caligulín, entra en el Senado de Roma dos semanas después de nombrar a su caballo Incitatus como cónsul de Roma. Como es habitual, el cafre del emperador busca herir el orgullo de los Senadores de solo dos patas.

– Señorías: ¡Este foro huele a establo! ¡A ver si se bañan un poco o tendré que pedirle a mis pretorianos que les den jabón con estropajo en los ijares y os sequen las pililas a golpe de espuela y fusta, ¿intelligitur  o non intelligitarum, PANDA DE GILIPOLLICORUM? -señala a un senador gordito- ¡Comenzarían encantados por ti, Pomponio Pénico… y lo sabes!