El reverendo Lewis Carrol con la bragueta desabotonada, es acorralado por una vecinita que se llama Alicia y que le ha inspirado su más famosa obra. La niña sostiene en sus manos un gran y afilado cuchillo y se dirige a él con la voz de Megan, la del Exorcista.

-¡Ya está bien de decirme que eso que llevas ahí es un conejito hiperactivo, viejo pervertido! ¡ Como intentes tocarme el culete otra vez, hombrecito patético, te voy a mandar desangrado y sin mantecas al País de las Maravillas, comenzando por despiezarte las dos pilas Duracell de tu tamborcito en una ceremonia cruenta, dolorosa y que dure, dure y dure mucho más que las demás!