Se acepta que las obras de arte en general, y la pintura y la escultura en particular, buscan provocar sentimientos inmediatos en el observador. Rara vez se habla del modelo, el verdadero protagonista y cuya figura es la que debe provocar las sensaciones que se buscan al reflejar su imagen.

Basados en esa premisa, los críticos de arte se esfuerzan en explicarnos las obras a profundidad, hablando de la técnica, la intención, las sensaciones que provoca y cien detalles más, lanzando explicaciones doctas por aquí y por allá y sazonando, convenientemente sus argumentos con datos personales del autor. Todo muy técnico y bastante mecánico, que se salta a la torera una dimensión importante: imaginar lo que pueden estar pensando los modelos.

Entornemos los ojos y seamos curiosos.