Mi muy Estirado Señor Marqués:

Tal y como le prometí en nuestra última comunicación epistolar, me encuentro dispuesto a batirme con Vos en refutación de  (¡Oh, Para-jodas de la vida!) vuestro propio y fútil deseo de que los lectores os condecoren con un fugaz “like”, solo tras haberse leído y asimilado vuestras cuitas.

Escribís para que os lean. Escribís para transmitir una idea. Y recibís a cambio una señal con la que solo podéis llenar estadísticas, sin saber si os entendieron…Visto así, puedo entender que el fantasma de la duda os pueda enturbiar el alma, pensando en que quizás ni os leyeron, aunque muy exigente me parecéis.

Porque…

¿Habéis colegido en vuestra sesera – esperamos que sin incurrir en graves desgastes de vuestro sombrero- que la aprobación liviana de cascos de cualquier lector, atesora una pizca de sincera simpatía, más allá de que tenga capacidad o no de comprender vuestras palabras? Ya es un prodigio que alguien elija un blog en particular entre varios millones disponibles,  por lo que si elige el nuestro, es como que te caiga la pedrea: no cambias de vida pero tapas algún agujero.

Seamos magnánimos con quien más o menos nos lea, porque como nos es dado a imaginar, su like dado sin la “fatigosa” obligación de leernos, -o mejor dicho; sin la fatigosa labor de interpretarnos- le significará sin dudas un gran momento de sapiencia suprema, una  katarsis espiritual para su realización personal …Un click más arrojado y valiente -y aparentemente inútil- que los 300 chavalotes de Leónidas en las Termópilas.

Son las prisas del que accede gratis a una nuestra prosa con la ventaja de tener cierto anonimato. Es decir: si alguien os likea sin haberos leído, contad vuestra merced con que él se pierde lo que decís y que contrae cierto débito con vos. Quizás vuelva a leeros más adelante.

Si facilitarle ese regustazo a un lector cualquiera no es ser “Influencer”  de personas libérrimas, entonces vamos apañados. Después de todo, débitos, conformidad ciega y querer y no poder, es la oferta permanente de cualquier tarjeta de crédito, y mire Vuestra merced que éxito han tenido.

En fin, Laissez faire, laissez paser  o como dijera un maestro Zen muy reputado ” Dar cera, Pulir cera”.

Con mis mejores Saludos y Parabienes,

Calauche, Barón du Mauvaise Foi.

(Adjunto  Póliza de veinte pesetas.)