A Su Excedencia el Marqués:

¡Me pasmáis Marqués, os lo aseguro, con vuestra prosa hija de un Homero!

Afanoso se os ve en imponeros a las costumbres de las jóvenes camadas y os pasáis por las Romanas Catacumbas, el ajustaros a vuestra edad de los olvidos.

Como viejo marino torpedero, queréis una “guerra” que os sea buena -si exceptuamos vuestra tensión y algún enema- y no la habrá, Marqués, os lo confirmo, pues motivos muy blanditos hoy me esgrimes.

No he querido mojaros los patucos, al pediros que aceptéis algún like sin cuestionar de su origen, los motivos. ¿Que más le da de dónde surgen -pensé yo- si no os dañan vuestra blanda dieta, la pensión o el taca-taca?

Sé que no os deslumbra el brillo de las estrellas- ¡Vive Dios, en pecho y bocamanga las llevabais!-.  Presumo que queréis dejar con palabras unas huellas, aunque venga luego vuestro mar y se las trague. Pero de ahí a olisquear la intención de alguna estrella, como lobo que no ha desayunado, os juro -por la  chocheante reina de Inglaterra- que no lo sabréis jamás ni aún tomando vuestras gachas sumergidas en ginebra.

Sé que en el fondo razón lleváis: no todo puede valer y al corregir, me recodáis al buenazo del Athos que va dejando claro a quien se enfrenta, que los halagos vanos no le van y que dispuesto está siempre a  trocar los insultos en estocadas.

La cosa es, Marqués del alma mía, que nos duelen los errores y las trampas y me temo, Señor, sin paliativos,  que lo que antes era un fallo de simple ortografía, es ahora un tratado “de voces modernistas, hijas del fragor antisistema.”

Afrontad pues con elegancia, la de quejas que a ambos nos espetan: olemos ya a pirámide de Egipto, especies viejas y naftalina, Salfumán y hasta a creolina… Ley de vida será, porque por mérito nos queda, escribir con hache intercalada y poner tildes donde van, saber que Voltaire no es perfume, ni  Diderot era un drag.

Derribad pues la resistencia, aceptad lo que os den con donaire, pillad piropos sin medida que os servirán de pensión sustitutiva, no vaya a “petar” el sistemilla mientras nos peleamos los dos por una estrella.

Lamento haberos molestado en vuestras siestas, duermevelas y jodiendas: Haced si eso con estrellas un acopio y obsequiad con él a alguna de esas viejas que veis para tocaros el viejo periscopio sin lograr conquistarle las Marianas. (Por cierto que aquí me dicen, que si así aconteciese, se os inflamaría la pechera y gritarías sin mediros ¡Que vivan los torpederos!)

En prosa hicisteis un reto,  y en prosa os contesté, más por hablar tantas cosas, como el Yoda yo quedé. ¡Que belleza aqueste idioma, porque al fin comprenderéis: a vos que os gustan los astros, otra estrella os mandaré!

Deseandoos feliz singladura, quedo de Vuestra Excedencia,

Caluche, Barón du Mauvaise Foi.