Marqués, no me deis ideas de las que pudiera o pudiese arrepentirme.
Os pido un molino y me dais un quesito…y mucho que pensar…
¡Cavilemos, pues!

El Destrio

Ilustre amigo, o me atrevo a decir pariente.

Repuesto ya del infausto viaje de regreso, me dirijo a vos con renovadas fuerzas pese a la indisposición que nos ha tenido atado al excusado en las últimas jornadas. Seguid mi consejo y no abuséis como yo hice del cochinillo, ilustrísima, que cuando se malpaga produce acidez e incómodas flatulencias.

He de referirme en primer lugar a vuestro quijotesco interés por nuestro molino. Habéis de saber que poseo el predio solo en usufructo, pues la herencia de la tía abuela Hermengarda, baronesa de Marmolejo y Malcorpiño, está sin resolver por un problema en las lindes, siendo que todas sus tierras ahora pertenecen en su mitad a Bujalance y en su otra mitad a Montoro, y aunque como podéis imaginar damos ya estas últimas por perdidas, estamos por salvar las otras de los embates del fisco.

En cuanto al mentado molino, aunque queda…

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