Extorsionado Marqués:

Señor, que no os enteráis: el engañado sois vos.

Estoy fuerte como un roble y si algo es seguro, es que carezco de “sitio donde caerme muerto” de lo atlético y feliz que se hayan mis entuertos. Rico soy y os envenena, más mi oro que ponzoña…Eso os pasa por ser tan moñas, mi querido marquezón

De vuestra bilis diré, que la querida sobrina Chuchita – querida de los sirvientes- es además de putinga, mentirosa como un cuervo: Nada de mi casa sabe, pues los pies no ha puesto en mis salones, al contar con muy estrictas, -de mi boca- prohibiciones.

La niña –muy fantasiosa-mintiendo así se entretiene, seduciendo a los lacayos, que piden cambiar de finca evitando sus desmayos…Ya lo dije, -¡Vive Dios!- que lo suyo no es un cuerpo, es un volcán muy violento al que el más leve tiento le dispara las hormonas: Es casi como una mona subida a un baobab, huyendo de algún felino que la persigue detrás. -Tiempo no habrá tenido, la infortunada chicuela de mirar como vivimos en nuestra grande mansión, teniendo por todo afán una fila en el camastro, de hombres que tras probar, llegan tarde a trasquilar entre las risas y chanzas.

Una pena, Don Marqués…Os poneis más que cachondo hablando de mi familia, que si cuernos, que si ruinas, que si enfermedades diversas, falta de fondos y crudezas, cuando toda la corte sabe que le debéis hasta al cura los favores de perdones de pecados reiterados – que rima con vuestros nabos, he de decir aquí.

Refocilaos pues, en miserables pensamientos, que la verdad es muy otra, pues vuestra espía Chuchita hablará solo de oídas, pues ni de cerca ha visto a la “Vera Baronesa” rica, buena y agradable, que por sonrisa lleva cada mañana un canto, tras navegar al Barón, que no la deja dormir entre caricias y tientos.

Lo que no dice la niña, tendré que decíroslo yo:

El chofer muy rabilargo, se atempera a vuestra niña sin pausas, pues ella – muy ancha de gustos- se luce luciendo el arte de obligar a los mucamos a meterle bien la mano, hasta que diga “Cirilo”. ¡Ay, que niña más tremenda! Con afán la casaríais con el primero rufián que se durmiera a su lado, pues no es cosa de elegir entre la gente decente, acostumbrada –quizás- a devolver los excedentes…(Sería culpa del Corte Inglés, que te descambia la compra si alguna tara le hayáis al intentar un estreno, y vos como sarraceno, un buen cambio aceptaréis, que la fama de la niña un descocido es.)

No es de extrañar –os apunto- que los siervos iletrados hablen mal de sus amos, envueltos en cruel envidia, en miserias inventadas buscando similitud con su triste condición de la más honda ralea…Pero claro, mi Marqués, hace años que no tenéis bajo techo protector más que algún fuerte doncel que os arregle bien el lecho, otro que recoja el aceite y os diga cositas lindas y al famoso bodeguero que siempre os da de pleno y os cobra hasta el tonel.

Las falacias que decís, resultan muy evidentes, pues no hay que ser un vidente para ver y comprobar que mis hijos aquí no están, si no trabajando duro en países extranjeros donde son bien valorados, lejos de chismes rastreros,- de esos que vos lanzáis de trasmano y alquiler- bebiendo caldos muy buenos, -de esos que ya no veis porque si es que algo bebéis, os pedís un Don Simón, fingiendo que no es ahorro si no cariño al cartón.

¡Ah, Marqués, que bajo estáis en la escala nobiliaria: habría que daros un premio con estrellas rutilantes, de esos que les encanta a los Señores Poceros, que con cuerdas y aparejos liberan de cieno el fondo a base de desatrancos!

Y, habiendo dejado claro vuestra gran desinformación, os hablaré sin ambages mil, de dineros y costumbres de nobles como vos fuisteis, antes de caer al fondo por vuestras aviesas costumbres de soplar por el alpiste: Vos marcáis un estandar, de la gente con “Mucho Escudo”: no soltáis ni un puto duro de lo mucho que debéis, pues os va en las entrañas, adeudarle a las musarañas, sin bajar el capital…Más las deudas siempre van a favor del prestador, pues dan pie y comprensión a la toma de venganzas.

Por mi parte yo le informo que no quiero el Molinón, -si eso que se lo apropie el Sporting del Gijón- No me haréis, Marqués, un gol, con tamaña propiedad, quedáosla en la cartera, que cuando al fin la palméis, vuestros deudos -que son muchos- sin ella se quedarán: con los “rusos” que la explotan a un acuerdo llegué, sacarán las barraganas, la coca y dos charangas para animar vuestro velorio a ritmo de Reguetón. Vuestras locas amistades saltarán de la emoción y a la tumba os llevarán a golpe “sexofón”. ¡Que no se diga de exequias aburridas y en silencio, que la tropa que os devora, baile una última pieza a costa de los dineros que tuvisteis una vez! La corte vomitará y en seguida borrará de sus listas vuestro nombre, diciéndole a Don Montoro que se quede con lo vuestro (aunque sean dos telarañas, bacinilla y un retrete, que para el bueno del Convento no hay mala donación que quede sin un provecho.)

Con que, mirad más bien al cura, -el de los oleos sagrados- dejad de inventaros cosas para manchar mi blasón, que me tocáis un cajón cada vez que así habláis, soltando las acideces que bien adentro lleváis.

Y como hasta el gorro estaréis, creo que aquí lo dejo, comprendo que ya el hartazgo os llegue de sopetón: se os ha subido a las barbas este macarra Barón, pues si los padres Escolapios os dieron la educación, a mí  me la dio la calle entre hostia y empujón, así que razones me faltan -al menos que sea desdén- que los duelos sean solo retos…¡o grande equivocación!

Me despido mi Marqués, con acertado pareo digno de los callejones que hubo de pisar mi admirado Quevedo:

“A mi es que me va la marcha

y tras meter la primera,

en un camino expedito,

me gusta meter tercera,

Por eso yo le aconsejo

que nunca vuelva a retar

a un feliz arcabucero

cuando por arma llevéis

un simple y viejo chispero.”

 

Mio, muy mio,

Barón de Mauvaise Foi