Marqués erráis otra vez…¡Que necedad, que memez! Seguro es una secuela del dichoso mal francés. Confundís la berenjena con el asta de bandera y con grande fruición, mentís más que un buen cura, de esos que te bautizan esperando buen convite, pa’ saciarse la gran sed a cuenta de tu alambique.

Os ponéis muy gastronómico hablando de las especies, -ajos que pican, decís- sin reparar ni un momento que vuestra casa sin tiento, gozáis de un buen wasabí, pues me ha sido dicho a mí, que gozáis últimamente de un picador oriental que os varea bien la nuez con salsitas y palillos, siempre que paguéis en yenes para volverse allí en largos y lentos trenes.

Vuelve a dudar Usía de mi enorme robustez, insistiendo por cien veces que me arrastro ya sin pies. Quisiera yo aclararle que me desayuno clavos, dos canelas de las gordas y dos pollos con sus alas, con lo que me sobran ganas veinticuatro horas al día. Reboso de agilidad, no tomo colesterol y modero mi tensión tocando a la Baronesa, -que ejercicio hay que hacer, aunque se sude un poco- ya que la buena mujer me la mide sin cesar, cosa que le deleita más que a vos las mayonesas. Dice que con su dieta de mi noble esparraguillo, va  sobrada de embutidos, porque más saludable es tomarse una herbácea perenne, que tragarse las morcillas de origen desconocido de esas que trincáis vos entre roto y descosido.

Decís bien que mi mujer da paseos extramuros, lo hacemos por mi jardín, que tan largo y extenso es, que ya marcados tenemos cientos de los rincones donde le he dado achuchones, surgiéndonos un problema: que si aquí, o mejor allí, que ya la última vez, nos miraron aquellos Marqueses que vinieron a mendigar algún préstamo muy blando pa’ poder sobrellevar.

En cuanto a las opulencias que  muestra mi bella dama, os aseguro Marqués que son esas redondeces que nos sirven de cojines cuando vamos a la cama. Como os dije ya en una lejana ocasión, de hembras no tiene usted ni leve conocimiento, porque sujetarse a caderas que solo presentan huesos, es cosa de los famélicos que no han podido comer. Y ya que de cuernos dice, le diré Su Señoría, que meretrices famosas de su alta situación, llaman Marqués al marido ante de darle el no: Que me duele la cabeza, échate novia, mamón, que lo nuestro fue un buen cuento y a mí se me dio cañón.

Y poniéndoos literario habláis de Cañas y Pajas -parodiando al Blasco Ibáñaz- cuando a las manos os vais como feliz desahogo cuando los mozos honestos se espantan de sus entradas. ¡Ay Marqués, que cosa ruin es padecer por mozos, que rechazan barros y retozos que vos le queréis pagar! ¡Que tristeza, que buen roto, cuando se le escapa a Usted algún osito piloto!

Y ya para terminar, gran noticia a mí me dais con el asunto del cuadro: Podéis montar el Sorolla con la punta de la po…rra en cabecero de cama, pues me sospecho -obligado- que presenta buena imagen. Será un óleo extraviado de una serie del artista, que pintó en largos viajes por la bonita Castilla. Uno hay que se perdió, llamado “Casas Colgantes” y es que tuvo Don Joaquín un momento de memez y se lo fió a un Marqués que debió de ser su abuelo. Todo vuelve a su ser, así que si en vuestra cama vuelve a haber algún meneo, la visión que gozaréis será de la noble Cuenca, de sus riscos y collados mientras a vos os entregan algún gozoso entorchado. Ya lo veis, nada se os cambia: mirando a Cuenca seguís, que no se nos diga aquí que algo os ha enderezado.

Que lo disfrute Usted mucho, hasta que llegue Montoro, pues con el cuento le iré cuando termine con Vos y me ponga a rellenar la próxima declaración… Y es que marcaré silbando la casilla de “Denuncié” que como veis, Señoría, comienza con vuestra “D” y termina con esa “E” tan bonita de Estremeras .

Mio, muy mio, rabiosamente de mi propiedad,

El Barón de Mauvaise Foi.